El kafkiano mundo de Jose Acevedo

En lugar de levantarse una mañana convertido en una cucaracha, Gregorio Samsa, quien ya no era Gregorio Samsa, sino Carlos, y Carlos a secas, se levanta una mañana convertido en mujer. “Metamorfosis” es el relato que inaugura una serie de cuentos escritos por Jose Acevedo (Sevilla, 1965), y el mismo da lugar una rotunda afirmación: es este un relato metaliterario. Por otro lado, todos los cuentos de este volumen, cuyo título es homólogo de la primera historia, transitan bajo el mismo interés en escudriñar los intereses principales que motivan el alma humana, a través de las vidas de personajes que buscan algo más que una existencia corriente, ese tipo de existencia que puede llegar a ser aplastante emocionalmente, y que no ha cambiado mucho desde la transformación kakfiana de inicios del siglo XX hasta la transformación de este personaje de la España del Sur en el siglo XXI.

La diferencia, sin embargo, estriba en que los personajes de Acevedo realizan sus propias transformaciones en base a sus deseos, sin temer las consecuencias de los mismos en un plano social. Por ejemplo, en el relato “Monólogo”, el protagonista se desvela como un homosexual ansioso de una relación verdadera y auténtica, algo que le ha costado conseguir con sus propios amantes. Este afecto lo halla en una joven que ha encontrado, en coma, tras una sobredosis de drogas, frente a la puerta de su casa. A ella la acoge con un desinterés especial y por ella renuncia a relaciones sin sentido. En el plano formal, “Monólogo” es uno de los relatos más logrados del libro, fundamentalmente por el acertado uso del punto de vista personal y sobre todo, por el eficaz empleo de anáforas.

Otro tanto ocurre con “Libertad”, hermoso cuento pleno de metáforas en las que no hay otro trasfondo que la crítica a una sociedad que desdeña la rama del conocimiento humanístico en favor de la ciencia, ésta última tan indispensable para el desarrollo económico de una sociedad capitalista que desea este desarrollo, a su vez, y en gran medida, para continuar su desenfrenada carrera hacia el consumismo y la frivolidad.

Porque hay mucha crítica social en los relatos de Acevedo. No sólo en “Libertad” está presente; también en otros relatos como “Sin nada” o “Respirando normalidad”, donde los personajes necesitan sobrevivir en un mundo que pareciera estar envuelto cada vez más en crisis de todo tipo: económicas, morales, sentimentales. La solución a esta necesidad la encuentran, generalmente, en una metamorfosis de tipo sexual, social, o simplemente sicológica, tal y como en ocasiones anteriores determinados críticos encontraron como “los tres sentidos canónicos de La metamorfosis de Kafka”: el psicológico, el biográfico y el sociológico”. Acevedo acude a todos ellos, pero revelando al lector un quehacer único, excepcional.

En este punto vale acotar la maestría del autor español en el cuento largo, aunque en este libro que presentamos al lector se encuentran presentes también minicuentos como “Lucía”, caracterizados sobre todo por la inquietud del autor en cuanto al discurrir emocional del alma femenina, de sus búsquedas y de sus frustraciones de género. Y es que resulta notable analizar cómo en todo el libro, logra Acevedo, con tanta fluidez, encarar problemas relacionado a las cuestiones de género, todas enmarcadas en el mundo actual, adentrándose el autor en el cuerpo y el alma femeninos con un conocimiento asombroso de los mismos.    

Al inicio de esta breve reseña mencioné que Carlos (personaje repetitivo en el libro) era Carlos a secas. Esta mención no fue algo aventurado. Su esposa Julia, su hija Lucía, su amigo Antonio, todos son seres sin apellido conocido, inmersos en la vorágine de una gran ciudad que les queda muy inmensa ante sus deseos más íntimos. No es interés de Acevedo otorgarles esta cualidad distintiva. Podrían todos ellos tener otros nombres muy parecidos o muy distintos.

En una sociedad cambiante, globalizada y aplastada por un sistema neoliberal totalizador que otorga a sus habitantes las mismas cualidades, porque pretenden hacer de ellos copias al carbón de un solo tipo de ser humano, este conjunto de relatos de Jose Acevedo resulta indispensables para entender un poco más las sinrazones de un descontento que muchos seres acusan en los tiempos que corren. Porque las creaciones del autor sevillano se caracterizan por este sentir, si no ya de desengaño (historias como “Juventud” y “Juntos” muestran lo contrario) sí a un apunte del ansia por cambiar destinos, por vivir otras vidas, más allá de la que les ha tocado, desde que todas parecieran asignadas por la poderosa mano creadora de un ser supremo empeñado en hacerlos a todos iguales. Valga, entonces, la rebeldía del narrador de estos relatos contra esta sinrazón mayor.

 

 

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