En palabras del propio autor sobre el proceso de construcción de esta historia, "el amor, si bien puede ser banal cuando se comparte más allá de la pareja, deja traslucir otras venas abiertas del alma humana. El novelista es eso: un juez de instrucción del alma humana. Yo he escrito un solo libro –en múltiples volúmenes-, el libro de la desilusión (religiosa, política, amorosa, vital). Este Como quien se desangra, que es también un homenaje a Ricardo Guiraldes, a Manuel Escorza y su Garabombo el invisible, es mi novela telúrica, la más latinoamericana, pero es también un canto desesperado sobre la traición de un amigo y la desilusión política. Creo que leerla en 2018 la revitaliza, porque sigue siendo actual, como si la hubiese escrito ayer un hombre que ha pasado del medio siglo y no el joven de veinte años que se atrevió a pensar, a sentir, e incluso a hablar en nicaragüense. Ojalá el lector la quiera tanto como yo."

                                            Pedro Palou, Como quien se desangra 

 

I

   ¿Vos no sentís que toda esta entrega tiene algo que ver con el amor, Cecilia? Yo sí. Es más, estoy convencido. No estaría aquí, aguantándome estos dolores terribles, la sangre empapando la venda que le pusieron a esta herida que no me curan. Creo que ya son seis días desde que me echaron preso aquí, en este cuarto. Si a estas cuatro pare- des de mierda donde no puedo ni moverme se le puede llamar cuarto, casa, sitio, lugar. La sangre no para. En poco tiempo no va a quedar nada de mí. Dirás cielo, papaturro, tigüilote. Mirarás árboles, Cecilia, pero yo ya no voy a estar. Y señalarás la montaña mirándome en ella aunque la muy jodida no se acuerde de quien soy, cuántas veces caminé por sus abras, faldeé su tierra, besando con el pe- cho sus guatalitos, descachimbándome en sus quebradas la muy desgraciada. Ahí anda el Álvaro, le descerrajarás a tu hijo escupiéndole en plena cara esa verdad como diciéndole por eso es tu padre. ¿Podés imaginarte siquiera, que no me vas a ver ya más? ¿Qué al mismo monte le importa una mierda dónde estoy? Sabés que no soy pesi- mista, que pienso todo esto porque este dolor me tiene jodido. Nada más. Un tipo pasa todos los días golpeando la madera de esta celda; después del susto pasa un pocillo con agua y un plato con arroz. Esto ha de ser temprano porque el sol se filtra por las rendijas. Otro soldado repite la operación en las noches. Sé que es otro porque no le pega a las paredes. Nadie viene a mirar lo de las heridas. Fue un rozón de bala que rebotó en una piedra y me vino a dar en la rodilla; por más que le hice no podía ni arrastrarme. Ordené retirada; llevaba el centro y me quedé por completo solo, descubierto. Debemos de estar a pocos kilómetros de la frontera. Estos hijueputas me van a matar poco a poquito. Hasta que llore, hasta que grite, hasta que no pueda más y empiece a pedir ayuda, comience a cantar las posiciones y los cuarteles; hasta que de puro estar aquí, sin que me hagan nada, empiece a ser uno de ellos, hasta que traicione de dolor, de rabia, de impotencia. Tengo que aguantarles. Va a ser más que difícil. De lo que más he sufrido siempre es de la angustia de no contener el dolor físico. Cuando subí a la montaña, en el setenta y cinco, soporté por puro güevón. Me decía, mierda Álvaro ya estás acá y no podés defraudar a los compañeros que te mandaron, tenés que ser fuerte.

Como quien se desangra

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