"El Snoboide" (El tipo que creía en el sol)


El mimetismo, de acuerdo con la definición del

Pequeño Larousse —ese pequeño diccionario de 1663 páginas —es “el parecido que adquieren ciertos seres vivos con el medio en que habitan”.

Éste es el caso del snoboide, un espécimen, sin duda, altamente vacilable.

El snoboide es un gallo pintoresco que ronda, flota, girovaga, por los círculos artístico-culturales. Ésa es su salsa. Su hábitat. Este habitante anda siempre por ahí.

A la caza de palabritas y frasecitas; hundido en las bibliotecas, revisando los lomos de los libros (el snoboide es un lomolector formidable, de memoria elefantina); colándose en los grupos que conversan (el snoboide siempre conoce a alguien); tallando, con aire de pensador, la invitación y la entradita a la exposición, a la recepción y al acto cultural. En fin...

Por ahí anda. Y como está seguro de que ciertos atributos exteriores son indispensables en la labor creativa, pues lleva una barba o un bigote espeso, dejado crecer libremente... o una vieja pipa, curada, y siempre apagada (inservible totalmente)... o una mochilita colgando displicentemente al hombro. Él está consciente de la importancia de esas cosas. Él “sabe” que Hemingway, sin la ayuda de la barba y los shorts bermuda, nunca hubiera dado pie con bola con El viejo y el mar.

(Bueno, incluso yo he oído casos de snoboides que han visitado a un ortopédico para recortarse un poco las piernas, porque ¿qué hubiese sido de Toulouse Lautrec con seis pies de estatura?)

El vocabulario del snoboide está salpicado de vocablos y locuciones claves. Praxis es una de ellas. Da una onda griega de lo más rica. No es absolutamente necesario conocer su significado, pero siempre que se pronuncia praxis se crea una atmósfera de atención respetuosa, una especie de aceptación tácita de que el tipo que dice praxis tiene detrás una sólida cultura.

El latín, a su vez, es inevitable. Un snoboide que se respete, jamás dice antes ni después. Siempre dirá a priori y a posteriori. Y cada vez que pueda disparará un sui generis y un sine qua non de lo que no hay remedio.

El francés también ayuda mucho. Avant garde y démodé (vanguardia y pasado de moda) siempre vienen bien en cualquier conversación para designar cualquier cosa. Pero la mejor es épatant. Asombrar, impresionar. Eso es todo lo que significa. Pero como impresiona la palabrita, lo bien que encaja, cuando el snoboide la deja caer como si tal cosa:

—No sé... pero me parece que Fulano pinta para epatar y no para comunicar su mundo interior.

El inglés sirve para dos cosas: para citar a Shakespeare fuera de contexto y para epatar con la pronunciación. ¡Qué culto es llenarse los dientes de cehaches para pronunciar Greenwich Village! Así: Grénichchch Vilachchch.

El alemán ya es otra cosa. Muy duro. Ahí sí que el snoboide no llega. ¿Para qué intentar despedirse con un dificilísimo Auf wiedersehen, cuando es tan sencillo decir chao?

Freud y la psicología le dan el necesario respaldo científico. Mencionar, de vez en cuando, la catarsis y la libido, matiza y barniza —pule, da brillo y esplendor— al intelecto.

Y en cuanto a las expresiones de admiración cotidianas (el snoboide es extraordinariamente sensible y está constantemente asombrado) hay tres básicas:

—¡Genial!

—¡Fabuloso!

—¡Golpeante!

Claro está, el vocabulario y la apariencia por sí solos no son suficientes. Está también la cuestión de los gustos. Al buen snoboide le gustan el té y la Habana Vieja. La antipoesía, el estructuralismo y El Carme- lo de Calzada.

Sí, el snoboide es un gallo pintoresco. Hace serios esfuerzos por parecer, pertenecer y ser. Pero siempre se queda corto. Se va sin bola.

Pero shshshsh… ¡silencio! Dejémoslo ahí. Tranquilito. Que él está en su mundo. En su onda trascendente y vital. Distante, elevado, etéreo.

Shshsh... dejémoslo ahí. Hagamos como aquel viejo profesor de la Universidad de la Habana que decía, guiñando un ojo: “Yo siempre les doy el aprobado... ya la vida se encargará de suspenderlos”.


El libro completo aquí:

https://www.lapereza.net/product-page/el-tipo-que-cre%C3%ADa-en-el-sol



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