Laury Leite: “El desarraigo es el tema del mundo contemporáneo”.


Una madre, mexicana y bailarina de ballet clásico, fue becada para estudiar en la academia Vaganova en Rusia. Allí conoció a un brasileño, exiliado por la dictadura y desencantado del comunismo. En esa mezcla de culturas e idiosincrasias creció Laury Leite, quien recuerda que a los 16 años empezó a leer de forma frenética. En 2004, se fue a España para estudiar literatura y ocho años después se estableció en Canadá.

Su primera novela En la soledad de un cielo muerto, publicada también en inglés por la editorial Lazy, relata la historia de André, quien tras haber edificado una vida en Madrid, la cual, con la última crisis económica, se vio derrumbada, regresa a Ciudad de México a vivir con su madre e intentar reconstruir una existencia cuyo propósito parece haberse desvanecido: “Me interesaba contar cómo los procesos históricos influyen en la vida de las personas y cómo carecemos de control sobre ellos. A partir de ahí decidí instalar al personaje en una especie de limbo entre la impotencia y el vacío existencial”, explica Leite.

-El tema fundamental de la novela es la migración, experiencia que se ha agudizado a nivel global, especialmente en Latinoamérica.

-Con la globalización es normal que exista un flujo de capital y de productos, también de personas. Pero las personas no somos un producto, tenemos todo un constructo histórico, necesitamos tener raíces. El desarraigo es un tema muy común en el mundo contemporáneo y que tenemos que resolver de alguna manera porque cada vez la gente se mueve más, vivimos en una sociedad muy móvil, casi liquida como decía el sociólogo Zygmunt Bauman.

–Sin embargo, André, protagonista de su historia, está sumido en una profunda depresión ante el fracaso migratorio.

-Está en un hoyo negro, en una especie de travesía autodestructiva, se quiere anular porque no ve manera de instalarse nuevamente en su país.

-Otro tema latente en la novela es el de la muerte.

-En la muerte se manifiesta el tiempo. Y como fenómeno me interesa muchísimo. Cuando emigramos o cambiamos de lugar, el tiempo se hace muy presente, cada vez que volvemos a nuestro país vemos la manifestación del tiempo. Quería explorar eso. Por otra parte, el tema de la muerte me interesaba por un asunto personal: cuando escribí la novela tuve una enfermedad bastante grave, entonces reflexioné mucho acerca de la muerte porque llegué a un punto en el que pensé que me iba a morir, de ahí que esa idea esté muy presente. Claro, en el reflejo de la muerte uno se pregunta qué es la vida, por qué estamos aquí, cómo vivir la vida de la mejor manera posible…

-En algún momento, para hablar de las dos ciudades que lo han marcado el protagonista dice: “Madrid es la ciudad de los muertos, México es la ciudad de las cloacas”.

-El personaje se mueve entre símbolos, siguiendo la idea de Baudelaire que decía que caminamos en un bosque de símbolos. En el caso de México, ve el lado de la podredumbre y la corrupción. En cuanto a Madrid, habla de su experiencia personal.

-Y finalmente, ¿cómo es la ventana por donde mira Laury Leite?

-Es una ventana muy cambiante, a veces gris, a veces muy luminosa. Eso sí, con mucha nieve. Vivo en un lugar aislado que me permite cultivar la soledad para enfocarme en la lectura y la escritura.

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